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Dos mitades

Por Carlos Suárez

El hecho de que los partidos, de casi todas las competiciones deportivas por equipos, estén divididos en dos mitades provoca curiosas situaciones.

No es nada extraño, como en el caso que nos ocupa, que el cronista hubiera preferido escribir dos artículos por separado del mismo partido. Y casi siempre con la oculta esperanza de que la parte más brillante pudiera eclipsar, incluso hacer olvidar, la actuación perfectamente prescindible del equipo en cuestión.

Algunos partidos nos regalan épicas remontadas, al más puro estilo Fernando Alonso, o, visto desde el otro lado, estrepitosas actuaciones que en nada concuerdan con lo exhibido en los primeros minutos.

Hemos de decir que ni lo uno ni lo otro pasó con nuestros Tritones en su primer partido oficial de la temporada. El Torneo, la Copa de Madrid, un tanto forzado por las circunstancias y con un formato de eliminatorias de un solo partido hasta llegar a las finales, en muchos casos con ausencia de público (el club organizador es quien decide si abrir las gradas o no a los espectadores).

Visitamos el Ramón Urtubi, la casa del Club de Rugby Liceo Francés en una mañana ventosa y algo desapacible, si bien la lluvia (hubiera sido un desastre tener que suspender el partido) respetó a los contendientes.

Desde el primer momento pudimos comprobar que uno de los dos equipos lo tenía muy claro. Para nuestra desgracia, ese equipo no era San Isidro. Entramos en el partido con muy poca convicción y los blanquiazules nos ganaron la partida en todas las fases del juego. Conocedores de sus fortalezas y debilidades, llevaron el enfrentamiento a su terreno: cuanto menos contacto, mejor; cuantas menos fases estáticas mejor. Así, desplegaron su juego abierto ante nuestra falta de atención. Uno tras otro, los ensayos fueron cayendo del lado de los locales mientras nosotros no fuimos capaces de subir la presión defensiva ni de mantener el orden, sobre todo el defensivo. Ni siquiera, cuando tuvimos la posesión del balón, conseguimos imponer nuestra superioridad en la delantera. Tan solo una vez, con varias fases, pudimos romper la defensa rival y ensayar. Demasiadas facilidades.

El descanso sirvió para poner en orden las ideas y tratar de simplificar, para optimizar, nuestro juego. El ensayo de la primera parte fue como una premonición y las cosas mejoraron sensiblemente en la segunda mitad. Lamentablemente, nuestra irregularidad, a lo largo de esos 35 minutos, lastró la épica remontada que todos ansiábamos.

Cada vez que pusimos en marcha nuestro sistema de juego, el desempeño de los jugadores arlequinados mejoró ostensiblemente y fuimos capaces de posar el balón en la zona de ensayo varias veces (cuatro según el acta, alguna más según nuestras cuentas).

Todos nuestros esfuerzos fueron respondidos, casi inmediatamente, por Liceo y no supimos mantener la continuidad en ninguna fase del partido.

Nuestra “melé”, siendo muy superior, no fue decisiva. Y no porque nuestros chicos sean peores jugadores sino porque las normas vigentes impiden sacar demasiados réditos de esta fase.

Las “touches”, demasiado inseguras, aún requieren mucho trabajo.

El trabajo defensivo (colocación, presión,…) fue una de nuestras debilidades y el juego abierto apenas tuvo presencia.

En el lado positivo, nuestros chicos tienen un alto nivel de placaje y su técnica, siempre mejorable, es muy prometedora. Mucho trabajo nos queda durante esta temporada pero estamos seguros de que esta crónica no volverá a repetirse.

Jugaron: Guille, Javier de Zunzunegui, Miki (Báguena), Diego (Eduardo de la Fuente), Rodrigo (Beltrán), Pedro, Pablo de Rafael (Santiago), Nicolás, Saúl, Mauro, Luis, Rodrigo Gutiérrez (Pablo García), Nacho Calancha, Nacho Calzada (Carlos) y Pablo Ros (Alejandro).

Lo mejor: Por destacar algo, el placaje.

Lo peor: No saber imponer nuestro juego. El resultado recogido en el acta (76-27) así lo atestigua. En ello estamos.                                             

 El susto que nos dio Pablo de Rafael con un fuerte golpe en la clavícula. Afortunadamente, sólo eso.

 La falta de esfuerzo para permitir que, al menos, los familiares más cercanos puedan ver los partidos que, recordemos, se celebran al aire libre.

¡SANGRE Y CIELO!

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